martes, 30 de diciembre de 2008

Madrid

No tenía ganas. Me resistía. Habían sido muchos meses de soledad. Volver sin él era un ejercicio difícil de entender, esta vez sí, para los que me rodean.
Me vi perdida, sin tiempo para retomar y sin ganas de resumir. El cambio esperado estaba delante y la ilusión de antaño se había esfumado a lo largo de diez mil kilómetros.

Pero un día me vi comprando el abono transporte. Me fui acomodando a merendar galletas de chocolate, cigarros y agradables conversaciones insperadas. Paseando por las tiendas de Fuencarral con gente de nueve horas a la fuerza. Tomando cañas los viernes. Jugando al ahorcado en clases eternas que tenía guardadas en el cajón de las pesadillas. Acogiendo gente en una casa con mi nombre en el llavero.
Todo sin quererlo.

Y después de miles de maletas, de horas en aviones, trenes, coche, autobuses... sin tiempo para escribir, pensar... tan sólo sueño y echarte de menos, por fin, una noche de insomnio que me hace recordar que ella se perdió en el camino y no sé cómo resolverlo. Que mis amigos se enamoran y me aterra no tener tiempo de verlo. Que ya no me manda mensajes ni comparte el insomnio, pero es inevitablemente la constante de mi vida, mi tercer hombre. Que a veces también un concierto, una fecha, un silencio o un recuerdo corta como una papel. Que tengo mucho viajes pendientes y miles de planes que no me caben en los dedos.
Para todo esto, te espero.